La fuerza del Imperio Romano

 Los inicios de la civilización romana están rodeados de leyendas. Según estas, la ciudad de Roma fue fundada hacia el 753 a.C., a orillas del Tíber, por Rómulo y Remo, dos hermanos que sobrevivieron a la muerte gracias a que fueron amamantados por una loba. Este espíritu de supervivencia infiere al carácter romano un animo de conquista que le llevo a dominar en pocos siglos todo el Mar Mediterráneo, mar que los romanos llamaron mare nostrum (nuestro mar). Los romanos, conquistaron Grecia, pero recibieron de ella su cultura, su arte, sus costumbres y sus dioses, a los que se limitaron a cambiar el nombre.

Roma fue un pueblo guerrero y conquistador que al ampliar sus dominios se adueño de Grecia. Así, la época brillante de la cultura griega dio paso al Imperio romano, que se extendió por todo el sur de Europa, el norte de África y Asia Menor.

Sin embargo, resulta muy interesante constatar que siendo Grecia en esta época una cultura sometida al dominio de Roma, sean los romanos los que se dejen influir por ella.

Los romanos destacaron por la vasta dimensión de su organización estatal y por sus obras publicas. Pero su mayor aportación a la historia fue el derecho y la pax romana, termino con que se expresa el bienestar en que se vivió durante esta época.

La península Ibérica

Los romanos entraron en Hispania hacia el 200 a.C. No se encontraron una población reacia y agresiva. Los habitantes de la península Ibérica de entonces llevaban siglos comerciando con fenicios, griegos y otros pueblos. Esto confirió a sus habitantes un carácter abierto. Es cierto que hubo resistencias memorables, como la de Viriato en Lusitania o la de los pueblos de Numancia y Sagunto; pero, en general, el hispano se dejó conquistar, seducido por la fuerza del Imperio romano.

El arte de vivir

Los romanos vivieron rodeados de un gran refinamiento en el que se prestaba una atención especial a la higiene. Una idea de ello nos la puede dar el hecho de que al principio de la era cristiana Roma dispusiera de un caudal de agua de 500 litros por persona y día, cifra a la que jamás ha llegado ninguna otra ciudad del mundo.

Los romanos concedían una gran importancia al baño. Solían perfumar el agua con lavanda de Alemania, rosas de Bulgaria o mejorana. Después del baño se daban fricciones con aceites fragantes y cremas. Crearon magníficos baños públicos, como las famosas Termas de Caracalla.

Termas de Caracalla, Roma


Mediante el pago de una entrada se accedía a sus instalaciones, en las que había restaurantes, salas de lectura y de conferencias, bibliotecas y jardines.

Después de dejar la ropa en los vestuarios, se practicaba gimnasia, esgrima o deportes de balón. Se tomaban baños fríos en una estancia llamada frigidario, después se pasaba a una sala templada o tepidario y, por ultimo, a la sala de sudoración. A continuación, se podía ir a la piscina de agua fría o a la de agua templada, a la sala de reposo o a las salas de masaje, el cual era realizado por masajistas egipcios o griegos. Finalmente, se acudía a la peluquería. La estancia en los baños se amenizaba con música.

La medicina y la enfermedad

Para los romanos, la enfermedad era un problema de tensiones y relajaciones mal equilibradas. La mejor terapia era la dietética, junto a tratamientos físicos como el baño, los masajes y el ejercicio.

Hacia el año 150 a.C. vivió un personaje celebre llamado Galeno, que estudió medicina siguiendo a los maestros griegos Hipócrates y Aristóteles, y llegó a ser medico de los gladiadores romanos. Sus enseñanzas dominaron la medicina europea en los 1.200 años siguientes.

Galeno acepto la teoría de los humores aristotélicos. Durante la época medieval estos humores se transformaron en temperamentos: sanguíneo, flemático, melancólico y colérico. Al igual que Aristóteles, mantuvo las cuatro cualidades del cuerpo humano: calor, frio, humedad y sequedad.

Galeno basaba sus tratamientos en la dieta, el masaje y ejercicio. Los productos que utilizaban eran de origen vegetal. Descubrió que el aceite vegetal podía mezclarse con agua si se usaba cera de abeja. El producto resultante era una crema que, aplicaba sobre la piel, actuaba como refrescante y suavizante, dándole a la vez gran elasticidad. Hasta ese momento no se conocían las cremas (mezclas de aceite con agua). EL descubrimiento de Galero se conoce hoy en día como cold cream, que es la crema mas simple de las que se utilizan en cosmética.

Cuidados Estéticos

Las mujeres romanas, al contrario que las griegas, usaban gran cantidad de cosméticos, muchos de los cuales se importaban de Egipto. Se maquillaban el cutis de blanco con polvos de plomo y tiza; los ojos se delineaban con khol, y los labios, al igual que las mejillas, se coloreaban con ocre rojo. A la mujer romana le gustaba contemplarse en espejos de plata.

Como crema rejuvenecedora utilizaban la suarda de la lana de oveja, que hoy en día se conoce como lanolina. En Roma se fabrico el primer jabón de la historia, compuesto por aceite vegetal y polvos de piedra pómez.

El vello del cuerpo era eliminado con una mezcla de arsénico y sosa, o bien frotando con piedra pómez.

En la historia de Roma no puede dejar de mencionarse a Cleopatra, última reina de Egipto, que vivió hacia el año 50 a.C. Esta mujer, que pasó varios años en Roma, ejerció un enorme poder de seducción. Era tan inteligente como intrigante y fue imitada en su arreglo personal por las mujeres romanas.

Cuidados del cabello

Los romanos, que iban depilados, afeitados y con el cabello corto, sentían gran debilidad por los cabellos rubios. En sus guerras contra los galos y los germanos, quedaron prendados de los cabellos claros de estos.

Para poder tener el cabello rubio, aprendieron el arte del tinte, que realizaban con recetas de origen nórdico, a base de mezclas de jabón y lejías (eran mezclas de agua con cenizas vegetales y carbonato potásico). Sim embargo, estas manipulaciones les dañaba el pelo, que era mas débil que el de los nórdicos, de forma que se vieron obligados a protegerlo con cremas acondicionadoras, que se aplicaban después del tinte para devolver al cabello su lustre original.

El interés que suscitaba el cabello hizo que se extendieran formulas mitad mágicas, mitad medicinales. Así, algunas recetas utilizaban aceite de gusano de tierra, grasa de oso, aceite de víbora o serpientes muertas. Te puedes imaginar fácilmente el estado en que debía de quedar el pelo tras una temporada usando estos potingues. Para no castigar tanto el cabello, pronto surgió la moda de las pelucas. Evidentemente, las mas apreciadas eran las confeccionadas con cabellos rubios de los prisioneros de guerra germanos.

En Roma se organizó profesionalmente el negocio de la peluquería. Se dividió a los empleados según las funciones que desempeñaban. Así, las cosmetas peinaban; las cinofles tintaban; las cinerareas calentaban las tenacillas para los rizos; las calamistas ondulaban el cabello y colocaban postizos, y las psecas daban los últimos toques al peinado.

El peinado

La historia del peinado en Roma consta de dos etapas. En la primera, que abarca hasta el siglo I, los hombres llevaban el cabello corto y la barba afeitada, y el corte de pelo se realizaba con el tonsor, que constaba de dos navajas que se manejaban a la vez en forma de tijera. En tiempos de Augusto aparecieron los primeros peinados rizados en los hombres; la calvicie se consideraba una ignominia. Por ello, Cesar se cubría la coronilla con una corona de laurel y Domiciano usaba peluca.


En la época imperial gustaban los peinados sofisticados. Las emperatrices marcaban la moda y arrastraban a las clases altas y burguesas, así como a las nuevas clases adineradas que pretendían ser mas ostentosas que nadie. Había tres tipos de peinado: los cabellos partidos en dos por una raya y sujetos en la nuca, los cabellos ensortijados alrededor de la cabeza y los cabellos trenzados alrededor de la misma. Una de las modas mas aceptadas fue rizar cabellos delanteros, mechones y las sienes, haciendo con todos ellos trenzas que se unían en la parte posterior de la cabeza.

A finales del siglo I las mujeres comenzaron a llevar enormes y complicados peinados y pelucas. Estas fueron bien acogidas por la sociedad romana, lo que llevó a muchas personas a raparse la cabeza.

Se cuenta que Faustina, mujer del emperador Marco Aurelio, llevó mas de 300 pelucas diferentes en 19 años. Las pelucas se usaron también en Bizancio, el Imperio romano de Oriente, hasta el año 672, en que el concilio de Constantinopla las prohibió.


Texto integro de la fuente: Curso de Peluquería y Estética Profesional de RBA Editores


Comentarios

Entradas populares