Orígenes de la Peluquería
La primera manifestación artística del ser humano fue adornar su cuerpo. Éste es el punto de partida del arte que el hombre ha desarrollado a lo largo del tiempo. En todas las épocas y todos los pueblos, el cuerpo se ha considerado un pequeño escenario en el que representar una gran función. El vestido, la cosmética y el peinado nacen desde lo más íntimo del hombre, llenos de un significado que no siempre coincide con lo mas práctico: largas cabelleras, cabezas afeitadas o untadas de barro, densos moños…
Los orígenes: el hombre y mujer primitivos
Es probable, aunque no esté probado, que el uso de los
cosméticos tuviera su origen en las mismas fechas en que el hombre comenzó su
andadura sobre la tierra. Los cuidados corporales y los masajes constituían en
los primeros tiempos una parte importantísima de los tratamientos médicos, y
solo después de muchos siglos se convierten en un conjunto de conocimientos
independientes de la medicina, aunque ni siquiera hoy día están totalmente
desvinculados de ella:
No es tarea fácil llegar a comprender como nuestros
antepasados descubrieron y desarrollaron el arte de curar, de cuidarse y de
embellecerse. Para estos seres prehistóricos, lo mas importante era la salud,
pero no admitían la enfermedad como una consecuencia de causas naturales, sino
que la consideraban como un fenómeno mágico o religioso. Para ellos era el
resultado de la influencia malévola de un ser sobrenatural (dios) o de otro ser
humano, vivo o muerto.
De aquí la existencia de una clase de hombres a los que se
reconocía una habilidad especial para desalojar las causas maléficas del
cuerpo. Estos hombres, llamados brujos, sacerdotes o jefes, utilizaban una
amplia gama de métodos curativos: intervenciones quirúrgicas, masajes o el uso
de grasas animales y plantas. Mediante el masaje se inducia al espíritu adverso
a abandonar el cuerpo del enfermo. Por eso, se golpeaban y frotaban los
miembros del cuerpo en dirección hacia las extremidades.
Respecto a los productos cosméticos, los primeros que se
aplicaron fueron las grasas animales, aunque mas por mimetismo que por razones
estéticas. Estos hombres creían que untando el cuerpo, por ejemplo, con la
grasa de una gacela, se adquiría la agilidad y velocidad de ese animal.
Nuestros más lejanos antepasados vivían de la caza y de la recolección de plantas silvestres. Crearon los primeros útiles de guerra, los primeros utensilios para desgarrar la carne y alimentarse, las primera agujas de coser. Estos pueblos cazadores se trasladaban continuamente de un lugar a otro en busca de alimento, por lo que reciben el nombre de nómadas. Por esta razón llevaban poca impedimenta consigo, a lo sumo armas de piedra tallada y algunos adornos personales, como brazaletes, collares, etc., hechos con huesos, conchas, o colmillos de animales. Habitualmente tenían por vivienda las cuevas naturales que encontraban.
Posteriormente, este hombre cazador y nómada se fue convirtiendo poco a poco en agricultor y, por tanto, en sedentario, y como lugar de asiento eligió sitios cercanos a los ríos, donde estableció viviendas fijas. Esto explica que sea en los fértiles valles que rodean los grandes ríos donde se originan las grandes civilizaciones antiguas. Los ríos, por otra parte, permitían el fácil transporte y el contacto e intercambio de mercancías de unas comunidades con otras. En la medida en que el hombre primitivo se convierte en un ser sedentario y goza con ello de mayor tiempo de ocio, son mayores las posibilidades de crear elementos que abarquen mas facetas de su vida cotidiana.Aunque las huellas de esta época primitiva son oscuras e
imprecisas, han llegado a nosotros algunas manifestaciones artísticas, como
pinturas en las paredes de cuevas y pequeñas esculturas de arcilla, piedra y
marfil. A la mujer se le representa como un ser reproductor, acentuando todos
los rasgos relacionados con la fertilidad, ya que tal fertilidad es considerada
por este ser prehistórico como la expresión de la belleza. No tardará en
manifestar el cuidado que presta a su cabello, como lo demuestran la cantidad
de objetos (peines, horquillas, navajas de rasurar) que se han encontrado en
las excavaciones arqueológicas. El simbolismo de los peinados parece ser innato
al hombre y por ello hay que suponer -basta echar un vistazo a las tribus mas
primitivas que aun subsisten- que el hombre primitivo es el primero en crear
terroríficas mascaras o mágicas cabelleras. La fuerza simbólica del peinado se
remonta a entonces y aun hoy perdura.
Texto integro de la fuente: Curso de Peluquería y Estética Profesional de RBA Editores



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